23 nov. 2011

La transgresión de los códigos cinematográficos

Con el paso del tiempo, el lenguaje se subvierte y la conexión entre significado y significante se degrada. Los lenguajes pierden su capacidad de expresión y comunicación, absorbidos y manipulados por el sistema, que cambia su sentido según conveniencia. Esto lo percibimos en cualquier expresión artística, cuando observamos como se repiten hasta la saciedad los códigos instaurados. Por ello, es preciso dotar de nuevos significados al lenguaje, creando así una nueva forma de transmitir y representar que expanda los límites de su medio.


Si hablamos de cine y analizamos los movimientos surgidos en los últimos siglos, observamos que éstos siempre aparecen con la necesidad de transgredir los códigos y así crear un nuevo lenguaje de representación. Las vanguardias tienen como condición de existencia que el resto de la sociedad las reconozca como tal, lo cual no implica que obtengan la aprobación social. Pues los movimientos transgresores, sobretodo los de principios del siglo XX, han sufrido numerosos cuestionamientos y críticas, tras impactar fuertemente a sus espectadores con nuevas visiones y horizontes ampliados.


El Grupo Pánico se podría mostrar como una primera referencia, o una primera transgresión de los códigos preexistentes en el siglo XX, como comenta Hernan Montecinos en su blog. Este movimiento multidisciplinar, creado en 1962 por Fernando Arrabal, Alejandro Jodorowsky y Roland Topor, tiene influencias previas de André Breton, Man Ray, y en general del surrealismo y toda la línea irracional y científica de expresión artística. Con su extremismo alucinatorio y terrorífico pretenden impulsar al arte, y en general a la humanidad, hacia una nueva perspectiva. Ante la crisis de valores que sufre la sociedad posmoderna, recurren a provocar el pánico entre sus espectadores, mediante la crítica de la razón y el principio de indeterminación.




"Holy Mountain" de Alejandro Jodorowsky



Mientras el Grupo Pánico aparece en París en los años ‘60, en Copenhague se crea en los años ‘90 otro movimiento, ambos con la pretensión de transformar los cánones establecidos durante el siglo XX. El movimiento Dogma 95, creado por los daneses Lars von Trier y Thomas Vinterberg, y más tardíamente formado también por Soren Jacobsen y Krsitian Levring, nace como un grupo de vanguardia estética. Como contradicción a los cánones implantados en la sociedad 1990, el grupo Dogma crea un manifiesto arquetípico, el llamado voto de castidad, en el que se plantea la necesidad de modificar el lenguaje cinematográfico. Las normas constituyen entre otras en grabar con la cámara en mano, siempre con el sonido real y directo de la grabación, siempre acercándose el máximo a los actores, y sobretodo siempre en entornos naturales, rechazando así las escenificaciones de estudio. Al final del manifiesto nos encontramos con una cita que expresa de manera muy determinada el objetivo de este movimiento, resumiendo así sus diez mandamientos: “Desde ahora en adelante prometo como director no ejercer ningún tipo de gusto personal. Ya no soy un artista. Prometo no crear una obra, ya que considero que el instante y el ahora son más importantes que todo el producto. Mi meta absoluta es forzar la verdad de mis personajes.” La efímera existencia de esta vanguardia estética, se debe a la estandarización que sufre esta forma de producir, siendo absorbida por el mercado y convirtiéndose en un género más.




Documental sobre Lars von Trier y el movimiento Dogma 95



Un movimiento que aparece más tardíamente es el Nuevo Extremismo Francés, término que crea el crítico James Quandt para designar un cierto género a las películas transgresoras francesas de comienzos del siglo XXI. Estos films transgreden de manera visceral cualquier código o tabú. Los franceses llevan la brutalidad y la agonía a un extremo del que no parece haber un más allá, ofreciendo retorcidas y a su vez lúcidas reflexiones sobre el mundo contemporáneo. No son películas de tortura, son películas sobre el sufrimiento, pues los horrores a los que apela son todos perfectamente terrenales, humanos y posibles. Quand asocia algunos directores a este género: Gaspar Noé, François Ozon, Catherine Breillat, Bruno Dumont, Claire Denis, Marina de Van, y Jean-Claude Brisseau entre otros. En relación a otros cineastas europeos que siguen una corriente similar al extremismo francés, nombra a Lars von Trier, Lukas Moodysson, y Faith Akin.


De los directores aquí mencionados admiro especialmente las películas de Gaspar Noé y de Lars von Trier, por lo que me atrevo a mencionar que ambos son de los cineastas que más provocación y shock han suscitado en el ámbito del cine experimental. Pero a diferencia de Lars von Trier, Noé ha buscado extremar las posibilidades del lenguaje tanto como las historias que cuenta, de manera radical y sin atisbos de comercialización.


Para mostrar algunos ejemplos más concretos sobre la transgresión de códigos, me centraré en el cineasta Gaspar Noé, un argentino nacido en Buenos Aires, que actualmente reside en París. Es un artista polémico, independiente y muchas veces discutible, que se sumerge literal y temáticamente en la oscuridad. Cree que el mundo es un lugar enfermo y la raza humana, hipócrita. No puede escapar de la inclusión de su propia visión, así que utiliza el cine como un experimento. Si logra ofender y crear el suficiente rechazo, tendrá que cambiar su opinión sobre la realidad humana. Hasta entonces, el cineasta seguirá creando obras que exterioricen el profundo y subconsciente odio de la condición humana.


“Irreversible porque el tiempo lo destruye todo. Porque algunos actos son irreparables. Porque el hombre es un animal. Porque el deseo de venganza es un impulso natural. Porque la mayoría de los crímenes quedan sin castigo. Porque la pérdida del amado destruye como un rayo. Porque el amor es el origen de la vida. Porque toda la historia se escribe con esperma y sangre. Porque las premoniciones no modifican el curso de los acontecimientos. Porque el tiempo lo revela todo: lo mejor y lo peor.” - Gaspar Noé











































Imágenes de Mónica Bellucci en "Irreversible"




Película escrita y dirigida por Noé, “Irreversible” representa, en orden cronológico inverso, la brutal violación de una joven francesa, y la búsqueda de la venganza llevada a cabo por su pareja y un amigo. Un hombre que quiere vengar la violación y muerte su mujer embarazada. ¿Y después de la venganza que te queda? Seguramente nada. Esta escena se muestra al final de la película, cuando aparece una mujer rodeada de niños mientras suena la séptima sinfonía de Beethoven. La sinfonía se corta abruptamente con el sonido que hace un rollo de cinta al salirse del proyector, y aparece la frase “Le temps detruit tout”.


Más que un alegato de género, esta obra es un ensayo con hipótesis cinematográfica sobre cómo filmar la destrucción, empujando al espectador a rechazarla como lo haría en la realidad. Así bien las escenas más violentas representan un shock para los sentidos y la moral. En muchos casos, como es el mío, el espectador quita la mirada de la pantalla, anulando así el acto cinematográfico y cuestionando a su vez los límites de la representación. Para lograr esto, es necesario poner en duda todos los códigos de la representación y cuestionarse hasta qué punto el cine puede aproximarse a la realidad.




























Imágenes de la escena de violación de "Irreversible"



El primer código que transgrede Noé, es el de la catarsis final como promesa de reubicar al espectador en un estado de estabilidad emocional. El director emprende la obra en el punto más alto de violencia y la finaliza con un planteamiento en el que todo pasado era hermoso, pero marcado con su inminente destrucción. Otro código transgredido, es el de la inmunidad a la violencia. Estamos inmunizados contra ésta, diariamente vemos sangre y asesinatos en las noticias, las series y las películas, sin permitir que ninguna de ésas imágenes nos afecte. Noé ha sabido volver a hacernos sufrir, y hacernos sentir los acontecimientos en la piel del actor. Esto lo percibimos a lo largo del acto de violación, donde durante nueve minutos la cámara permanece completamente estática, en marcado contraste con el resto de la película en la que el movimiento de la cámara es tan errático que causa mareos y estrés. “Es una toma increíblemente pensada para lograr volarte los sesos, desde el ángulo, la composición fotográfica, la perspectiva y por supuesto, la duración real de la violación; nueve minutos impregnados de desesperanza absoluta, miedo y sufrimiento.” Y por si no fuera suficientemente violenta esta escena, hay que añadir que el director integra durante toda la violación, una frecuencia a dos mil y pico hercios que, según estudios clínicos, es la responsable de activar en las personas la ansiedad. Además, durante un segundo, se muestra la imagen de una penetración anal, lo cual causa confusión, y te acerca aun más al instante de realidad. No obstante, el autor nos revela que muchas escenas son filmadas con múltiples tomas que posteriormente son editadas en conjunto, y combinadas a su vez con imágenes generadas por ordenador, difíciles de detectar.






Trailer de "Irreversible"

Escenas más concretas y explícitas de la película, Trailer y Violación



“Justo cuando crees que lo has visto todo en una pantalla de cine a lo largo de diez días en el Festival de Cannes, otra película viene a sacudir las cosas. Durante más de 160 minutos, la película de Gaspar Noé "Enter The Void", es ante todo una prueba de resistencia. Revolviendo abucheos y bravos, este film también está a la altura, en términos de ambición y provocación, con la película "Anticristo" de Lars Von Trier. Y efectivamente cuando le preguntaron a Gaspar Noé por las películas que le inspiraban en estos días, el cineasta respondió que estaba viendo muchos documentales últimamente, pero que deseaba que volviesen a proyectar la película de Lars von Trier.” - Eugene Hernandez















































Imágenes de "Enter The Void"



Enter the void" es una film de Gaspar Noé, inspirado en el libro “Life after life” de Raymond Moody, sobre las experiencias de gente que muere y regresa a la vida; y el libro tibetano de los muertos que dice que el alma sale del cuerpo y deambula en el limbo hasta que se reencarna. Así pues, la obra se puede resumir como un extenuante y absorbente viaje lisérgico. Durante la primera media hora, la cámara del director se instala en el punto de vista de un joven traficante de drogas, el público está en la cabeza del protagonista, escuchando sus pensamientos, su respiración y viendo lo que él ve, oscureciéndose momentáneamente la pantalla cuando éste parpadea. Cuando el protagonista muere, la cámara sigue a su espíritu, asistiendo a través de flashbacks a los recuerdos de su vida más trágica. Las escenas se enfocan mayoritariamente desde un plano picado, observando las siniestras vidas de las personas que el joven ha dejado atrás. La trama que explora las reacciones a la muerte de Oscar, son sin duda alguna, menos importantes que la sugerencia de Noé, de que la muerte es el mayor viaje.


Rodada a base de largos planos secuencia, Noé utiliza efectos especiales para crear una realidad impresionista. En postproducción añade desenfoques y parpadeos creando así una atmósfera más hipnótica y soñadora. La mayoría de las tomas aéreas de Tokio están realizadas con gráficos a ordenador. También la penetración vista desde el interior de una vagina, está generada con efectos especiales.




Créditos de la película "Enter The Void"




Trailer oficial de "Enter The Void"




Escena de la película "Enter The Void"



Podemos afirmar que ambas películas aquí comentadas, desafían las convenciones del cine en todos los sentidos, transgrediendo entre otros, los códigos del empleo de la cámara y la unidad de tiempo. Estos incumplimientos se muestran en los cambios bruscos de elongación a prolongación de tiempo; los cuales a través del cambio de estímulo, hacen que volvamos a recobrar la sensibilidad y percepción del tiempo real. La elongación del tiempo cinematográfico, consiste en igualarlo al tiempo real, con la apreciación de una suspensión temporal insoportable para el espectador. Este tipo de efecto se muestra en las dos escenas más violentas y explícitas de la película. También el movimiento de cámara de Noé, es similar al movimiento del cerebro cuando capta una situación. Los ojos se mueven de lado a lado con inquietud, observando con detenimiento cada detalle, y cambiando el punto de vista varias ocasiones durante mínimos segundos, acelerando así la representación de la realidad.


Como conclusión cabe mencionar que Gaspar Noé ha destacado especialmente por su tratamiento radical del lenguaje, donde su uso de efectos sonoros y atmósferas asfixiantes, ha dado paso a un ambiente nauseabundo e inquietante, generando una amplia y discutida recepción.


La violencia gratuita se desborda y cada vez tenemos menos escrúpulos ante escenas gore que muestran la agresividad de una manera morbosa y atractiva, pues estamos inmunizados ante la provocación y el miedo, tanto que incluso nos fascinan este tipo de escenas. Yo personalmente soy una persona que se sumerge intensamente en las películas, viviendo en cada momento las emociones y los miedos de los actores. Si la trama es absoluta fantasía e inimaginable en la realidad, no hay de que preocuparse; pero en el momento en que la historia narrada se asemeja a la realidad, entonces es cuando la violencia debe ser indispensable en el argumento y construida para crear una sensación acompañada de una reflexión concreta que a posteriori sea positiva para el espectador.


Sin duda alguna, con sus películas, el director argentino traza la línea que distingue al cine provocativo y morboso, del cine que, como el suyo, cuestiona los límites de la representación al punto de negarse a sí mismo y volverse, literalmente, imposible de ver.


Dharani Pedrós Bassols.

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